El día que no quise más

Después de 6 meses, mi corazón explotó…

Hay algo que nos pasa a las mujeres cuando somos mamás y es que se despierta dentro de nosotras unas ganas incontenibles de querer hacerlo todo bien, no fallar, no cometer errores. 

Sin embargo, esas ganas se apoderaron de mi y me convirtieron en su comidilla. 

Con un bebé recién nacido, casi toda la familia fuera del país, una empresa que hasta ahora arrancaba, un matrimonio joven y una mente emprendedora, arranqué la maternidad. La gente me admiraba, me veían y decían “¿cómo lo haces? ¿Cómo te queda tiempo?” trabajaba todos los días, cargaba a mi bebé para todas partes, lucía perfecta y descomplicada, un cuerpo como si nada hubiera pasado, una sonrisa intacta y un bebé creciendo sano. 

“¿Qué más se le puede pedir a la vida?” Dirían algunos. Sin embargo, no todo fue así; después de unos meses, empecé a sentirme agotada, era casi imposible conciliar el sueño, los días se me estaban volviendo rutina, ya no disfrutaba el hecho de ser la mamá emprendedora que he sido desde el comienzo, el cansancio se apoderó de mi, empecé a llorar más de lo normal (porque soy una sensible de esas que lloran viendo un perro dormir), el cabello se me empezó a caer demasiado, perdí peso muy rápido y el alma… el alma se entristeció. 

“¿A quién le voy a contar esto?, ¿qué van a pensar de mi?, creerán que me quedó grande, defraudaré a quienes me han admirado” una y otra vez venían esos pensamientos a mi mente, me justificaba y justo cuando estaba a punto de hablar, volvía y me encerraba en mí.

Los días se me volvieron inmanejables, la tristeza no me dejaba disfrutar el hecho de ser mamá, la mamá del bebé más hermoso y sano. 

Todas las mañanas, cuando empezaba la rutina, cuando mi esposo ya no estaba, “hablaba” con Dios; sí, entre comillas porque no lo dejaba hablar, era un monólogo en el que me quejaba, le reclamaba y lloraba. “Extraño a mi familia, quiero a mi mamá, no entiendo qué pasó, no soy lo que esperaba ser.”

Toqué fondo, me quise morir y no seguir. Le perdí el gusto a todo, me encerré en mí y en mis argumentos. Ese día, como si me hubieran sacado de una piscina en la que me ahogaba, vino a mí un pensamiento, un recuerdo, una promesa “En cambio, los que confían en el SEÑOR encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán.” ‭‭Isaías‬ ‭40:31‬ 

Entonces, decidí volver a ser feliz, disfrutar la vida, quitarme el letrero de “todo lo puedo, soy la súper mamá” y vivir un día a la vez, permitirme fallar, no exigirme demasiado y comprender que todo es un proceso y que no estoy sola, dejarme ayudar, dejarme acompañar, volver a ser yo y no olvidarme de mi. 

Tomé la decisión de quitarme la capa de la súper mujer y aceptarme como humana, la que comete errores, la que se cansa, la que levanta la mano para pedir ayuda, la que acepta que algo no está bien.

Entendí que todo se trata de vivir y no de presionar, de disfrutar, de perdonarme y de dejarme moldear. 

Ya salí, hoy respiro y me siento liviana. 

Mamá, si sientes que no das más, tranquila, habla, déjate ayudar, permítete ver gente, haz un alto en la rutina, sal a tomar un café, disfruta, no te encierres y sobre todo, no te calles. 

Ama la vida, no te destruyas, vive, disfruta y no te presiones, se te es permitido fallar, tener la casa un poco desordenada,  que oscurezca y no haber lavado los platos del desayuno, que llegue el fin de semana y no hayas lavado ropa, que quieras hablar y decir que estás cansada, todo es permitido, excepto no decidir ser feliz. 

Consideración 

A veces pienso que a los hombres y a quienes no han tenido hijos, les falta un poquito de consideración y no los culpo, porque nadie puede saber lo que se siente algo hasta que pasa por ello.

Llevo 5 meses y medio aprendiendo, todos los días, a ser mamá y durante este tiempo hay palabras que se me han quedado prendidas en el corazón. Las comparto porque sé que no soy la única que las ha escuchado y además para que toda mamá que hoy está cuidando a sus hijos, se convenza de que lo está haciendo muy bien y aunque no escuche alabanzas o agradecimientos, al final verá la recompensa y eso, finalmente, es lo importante. 

  1. ¿Por qué estás cansada si te la pasas en la casa todo el día? 
  2. No entiendo por qué no te queda tiempo para nada. 
  3. Cómo si fuera muy difícil cuidar un bebé, lo dejas en la cama y ya está. 
  4. ¡Ay qué floja! Si el bebé ni camina, lo puedes dejar en la cama y ya.
  5. ¿Qué hiciste hoy? – ¿solo eso?-

Sí, yo sé. Estoy pensando lo mismo que tú. Como siempre he dicho, a palabras necias…

¡Animo chicas! Por nuestros hijos todo y que el resto no nos desvanezca. 

¡No se metan con mi leche! 

Llevamos 4 meses de LME (Lactancia Materna Exclusiva), ha sido la experiencia más gratificante que hemos tenido juntos, lactar es el momento más íntimo y hermoso que los dos tenemos. Sin embargo,  no siempre fue así. Al dar a luz, como cualquier mamá primeriza, pensé que todo se daría de forma muy natural, como en las películas. Pero no fue así, me entregaron a Tomás y ahí mismo lo prendí a mi pecho; sin embargo, él no lograba succionar. 

-Tienes el pezón plano 

– Pezón ¿qué? 

– Plano… debes comprar unas pezoneras, unas recolectoras, un extractor… 

– Me voy a enloquecer, pero por mi hijo, cómprenme todo. 

Así que, nadie me dijo que podíamos intentar hasta que el bebé se agarrara correctamente y que además haríamos varios intentos para que él pudiera comer. No, la solución fue “dele leche de fórmula”. 

Y ahí empezó todo.

Salimos de la clínica al segundo día de habernos conocido, llegamos a casa y mi esposo dijo “no vamos a comprar leche” pero yo ya estaba muy atemorizada porque me habían dicho que si Tomás no comía los suficiente, podría sufrir una baja de azúcar y eso, a sus dos días de nacido, sería terrible. Así que me puse a llorar y él, con poco agrado, fue a comprar la leche. 

Duramos dos semanas complementando su alimentación y yo me sentía frustrada porque no hay nada más triste para una mamá de un lactante que saber que no está dando lo que su hijo necesita. Sin embargo, alguien me dijo un día “Annie, la leche de tarro es una mentira, ánimo que tú puedes darle solo de tu leche”

Y así lo hice, me lo creí, me puse juiciosa a generar extracciones -porque a mayor succión, mayor producción- así no consiguiera ni media onza – lo que también me frustraba- pero no me dejé llenar de miedo y seguí intentándolo. 

Después de dos semanas y hasta hoy, Tomás solo toma la leche de su mamá y yo soy muy feliz pero he tenido que enfrentarme con ciertos comentarios que ¡Ay Dios mío! 

Aquí les va una lista para que si los escuchan, puedan decir ¡No te metas con mi leche! – Todos son mitos creados para que tú pienses que no eres suficiente para él-

  • El niño se la pasa comiendo, eso es que no estás dando leche suficiente. 
  • El niño está quedando con hambre, hay que prepararle un tetero. 
  • Déjalo llorar que tiene que coger horarios para comer, sino se convertirá en un ser malcriado que no sabrá organizar su vida.
  • Si te extraes y no das leche es porque no tienes leche. 
  • ¿Solo 2 onzas de extracción? Ese bebé debe estar quedando con hambre porque no produces nada.
  • ¿2 años y todavía dándole leche humana? Eso ya es agua, no le alimenta. 
  • No vas a ser capaz de dejarle la leche para irte a trabajar, mejor comprarle leche de fórmula.
  • Estás comiendo mucho queso y tomando mucha leche de vaca, tu leche le hará daño al bebé.

Coge todo eso y mételo en el baúl del olvido porque nada es cierto y eres una creación tan perfecta que estás diseñada para darle lo que necesita. ¡Tú puedes! No desfallezcas y no permitas que nadie se meta con tu leche.  

Eres la mejor para tu hijo

Las redes sociales sirven para todo, incluso para herir susceptibilidades porque lo que se dice, si no se explica bien, así quedó. 

Compartí un artículo del Dr.González, un pediatra del que he aprendido mucho, cuyo titular decía “El niño que se quede con la madre es más feliz” (Ver articulo). Este artículo despertó toda clase de comentarios directos e indirectos en mi redes sociales y por este medio quiero aclarar por qué lo compartí y lo que pienso acerca de la crianza con mamá 24/7 o sin mamá 24/7.

Tengo la fortuna, porque para mí eso significa, de poder dedicar mucho tiempo a mi hijo y eso es resultado de un deseo que he tenido desde que me casé, los niños estarían siempre a mi cargo, yo les enseñaría a ir al baño, les escucharía decir su primera palabra, les enseñaría inglés, no me perdería un momento de sus primeros años. -y eso ¿me hace mejor mamá que quienes no se quedan con sus hijos en casa y regresan a sus trabajos?- NO.

No me hace mejor mamá que las demás, pero soy la mejor para mi hijo y es lo que sin duda toda mamá quiere. 

Leyendo todos los mensajes que me dejaron mis amigas mamás, solo tengo algo que decir “Cada una sabe que todo lo que hace en esta vida es lo mejor para su hijo. Estoy segura que ninguna mamá de las que conozco, lleva a su hijo al jardín, busca un trabajo, contrata alguien para que le ayude a cuidar al niño o regresa a trabajar después de una licencia de maternidad, lo hace animada por el deseo de no querer estar con su hijo.”

De lo que cada pediatra o especialista dice, debemos solo tomar lo mejor para nosotras.  Después de todo, ¿es el pediatra quien mejor conoce a tu hijo o eres tú? 

Que de cada cosa que leamos, siempre nos quede algo y es que estamos haciendo lo mejor y lo estamos haciendo bien. 

Repítete esto, incluso cuando veas mis publicaciones, SOY LA MEJOR MAMÁ PARA MI HIJO Y ESO ES LO QUE IMPORTA. 

Lo que diga el resto que pase por un filtro.

¡Un poquito de tiempo para mi!

No sé si esto me pasa solo a mí, pero desde que nació Tomás, el reloj parece correr más rápido que antes. Nos levantamos y de un momento a otro ya es hora de almorzar y al poco tiempo, llega papá y ya se ha acabado el día. ¡Es increíble!

En medio de la rutina diaria, de todos los cuidados para el bebé -en mi caso, de 77 días- y del trabajo -para quienes trabajamos en casa- el tiempo se va y cuando han pasado los días nos damos cuenta de que el cabello está desarreglado, los jabones y exfoliantes están intactos, la señora que nos hace las uñas extraña nuestra llamada y ni qué decir de la que hace la depilación. 

Sin embargo, es momento de hacer un alto y dedicar un ratico para nosotras. -Yo sé, no es fácil- y aquí es donde necesitamos ayuda de nuestro esposo, de nuestra mamá o quien sea que nos ame y se ofrezca a cuidar del bebé así sea por una hora. Y si no hay nadie que pueda hacerlo, pues prepara todo y te llevas a bebé contigo. 

Aquí van unos consejos y algunas respuestas a las preguntas que me han hecho acerca de mi cabello y etc.

  1. Aprovecha mientras el bebé está tomando la siesta más larga del día para bañarte como se debe. Es decir, tomar una ducha haciendo uso de exfoliantes, hidratantes y masajes para tu piel y cabello. 
  2. Intenta conseguir a una persona que vaya a casa a arreglarte las uñas -si no te las arreglas tú misma- aunque yo me las arreglaba sola pero no he podido hacerlo de nuevo. Cuando te las estén arreglando y depronto no cuentes con la ayuda de nadie, haz uso de un fular y portea a tu bebé mientras te consienten.
  3. Ve a la peluquería. Sí, ve a la peluquería. Yo me tinturo el cabello y volví a hacerlo cuando Tomás cumplió los dos meses. La tintura no le hace daño al bebé ni interfiere en la lactancia, la leche no se va a poner amarga ni el bebé va a cambiar de color si tu cabello lo hace. Todo eso es un mito, lo que sí es cierto es que debes tener presente que tu cabello está más débil que nunca porque todas las vitaminas se la estás entregando al bebé, por eso si estás contemplando la idea de usar decolorantes, es mejor que uses uno muy bueno y que te hagan un proceso de hidratación y reparación para que el cabello no sufra. 
  4. Compra mascarillas que puedas usar mientras estás en movimiento. Es decir, no uses mascarillas demasiado líquidas, pues cuando somos mamás de bebés el tiempo es oro y mientras tienes una mascarilla puesta es mejor que puedas estar haciendo otras cosas-como yo, que mientras escribo esto tengo puesta una mascarilla de esas que traen la forma de la carita-
  5. Hidrátate mucho y toma descansos siempre que puedas.
  6. Si eres papá y estás leyendo esto, se de gran ayuda y deja que mamá tenga tiempo para vestirse, no la acoses apenas sale de la ducha y mucho menos cuando está entrando al baño a hacer lo que sea que vaya a hacer, aunque no lo creas esos son los únicos momentos que tiene para ella sola y son tan necesarios como darle de comer al bebé. 

Por último, sonríe mucho y disfruta cada segundo con tu bebé. Que cuando te mires al espejo veas a  la mujer que siempre has querido ver.

¡Auxilio! No quiero salir sin él

IMG_0179Tomás tiene 2 meses y 2 semanas. Soy una mamá de esas emprendedoras, que decidieron independizarse y trabajar en su propio negocio. Por eso, he trabajado desde que nació, no he parado y me he llenado de fuerzas para hacerlo todo y hacerlo bien. Cuidar de Tomás, cuidar de mis clientes, cuidar de mi esposo, cuidar de mi casa, cuidar de mi, cuidar de todo.

Y aunque no he parado, mis clientes han sido hermosos y no me han exigido verlos. Pero, ese momento de salir llegó. Un montón de emociones se apoderaron de mi el día antes de mi primera reunión sin Tomás.

¿Qué hago? ¿Me lo llevo? ¿Con quién lo dejo? ¿Y si llora y nadie puede calmarlo? ¿Y si se le acaba la leche? Y así, muchas preguntas me quisieron atormentar.

Hasta tuve que preguntarle a una amiga si sentirme así era normal o si definitivamente estaba creando dependencia. Pero no, el sentimiento es normal, es que hemos estado mucho tiempo juntos, lo cargué 9 meses y ahora no nos despegamos .

Sin embargo, salí y no lo llevé conmigo, se quedó con papá y yo, aunque tranquila, no dejé de pensar en él ni un segundo, mientras estuve afuera.

¿Qué hice?

1. Le hablé, le dije que me iba pero volvía pronto. Le expliqué que se quedaría con papá y que él lo cuidaría y estaría pendiente todo el tiempo de él.

2. Todo el tiempo, antes de irme, lo abracé y le repetí muchas veces cuánto lo amo.

3. Extraje leche y dejé todo listo para mis horas de ausencia.

4. Lo dejé “llenito”

Y me fui.

Mi conclusión fue que admiro un montón a las mamás que no deben dejar a sus bebés solo 4 horas y esporádicamente, sino que deben salir a trabajar y dejarlos más de 8 horas, y a veces con personas que no conocen del todo, a ellas toda mi admiración, son las más valientes en este mundo.

Me fue bien y Tomás lloró solo un poco (eso dijo papá) y yo intento aprovechar cada momento que estoy junto a él, porque el tiempo pasa rápido y un día tendrá que ir al jardín y mamá debe estar preparada para verlo entrar por esa puerta como todo un caballerito independiente.

Soy Mamá

Sí, soy mamá y estoy feliz. Mi hijo se llama Tomás, nació el 7 de enero de este año-2017,por si hay dudas- y estos dos meses han estado llenos de muchas experiencias. Cada día es un aprendizaje y además un revuelco de emociones.

Cuando Tomás nació, pensé que todo sería color de rosa, que simplemente estaríamos sincronizados, él y yo sabríamos qué hacer en cada momento. Pero, no fue así, hay algo que nadie te dice y es que todo, absolutamente todo, se debe aprender. La forma de dormirlo, vestirlo, cambiarle los pañales, hablarle, cargarlo, sacarle los gases y la lactancia…la hermosa lactancia.

En este espacio les contaré todo lo que vivo con Tomás y las experiencias que como mamá he tenido que vivir…y las que viviré.